Cómo usar el celular para dormir mejor: todas las funciones que ayudan a desconectarse


El celular se convirtió, para muchas personas, en una extensión del cuerpo. Es lo primero que se mira al despertarse y lo último que se revisa antes de apagar la luz. Según distintos relevamientos sobre hábitos digitales en Argentina, un usuario promedio puede pasar entre 4 y 8 horas diarias frente a la pantalla, una cifra que creció de la mano de las redes sociales y las plataformas de streaming.

En ese contexto, especialistas en salud digital y sueño coinciden en un punto clave: aprender a desconectarse del celular durante la noche es uno de los pasos más efectivos para dormir mejor y reducir el cansancio mental acumulado.

Desde el ámbito de la psicología y la medicina del sueño, profesionales argentinos advierten que el uso del teléfono en las horas previas a acostarse tiene un impacto directo en la calidad del descanso.

“No se trata de demonizar la tecnología ni de dejar el celular de lado todo el día, sino de cortar la hiperconexión antes de dormir”, explican desde equipos de salud mental que trabajan con trastornos de ansiedad y problemas de sueño.

Una recomendación simple, que suele aparecer como primer paso, es activar el modo avión al menos una hora antes de acostarse. El objetivo no es solo evitar llamadas o mensajes, sino interrumpir el flujo constante de estímulos digitales que mantiene al cerebro en estado de alerta. Al reducir esa sobreestimulación, el cuerpo empieza a prepararse naturalmente para el descanso.

Distintos estudios científicos muestran que la exposición a pantallas en las horas previas al sueño afecta la producción de melatonina, la hormona que regula el ciclo sueño-vigilia. La luz azul que emiten los celulares y el hábito de revisar notificaciones, redes sociales o noticias de último momento dificultan ese proceso y retrasan la conciliación del sueño.

Pero el problema no es únicamente físico. También es emocional. Psicólogos locales advierten que la imposibilidad de pasar siquiera media hora sin revisar el celular es una señal de estado de alerta permanente, incompatible con un descanso reparador.

A este fenómeno se lo conoce como nomofobia, el miedo irracional a estar sin el teléfono móvil, y diversos estudios estiman que afecta, en mayor o menor medida, a una gran parte de los usuarios de smartphones.

El celular dejó de ser una simple herramienta de comunicación para transformarse en un dispositivo multifunción: alarma, agenda, reproductor de música, red social, billetera digital y canal de vínculos personales. Esa centralización, que simplifica muchas tareas cotidianas, también dificulta la desconexión mental al final del día.

Por eso, las recomendaciones no apuntan a eliminar el teléfono, sino a restringir su uso en momentos clave, especialmente antes de dormir. Entre las medidas más habituales se encuentran dejar el celular fuera del dormitorio, desactivar notificaciones nocturnas, usar un despertador tradicional o configurar la pantalla en modo blanco y negro para reducir el estímulo visual.

Antes de recurrir a soluciones drásticas, los propios smartphones ofrecen funciones pensadas para reducir el uso nocturno y favorecer el descanso.

Tanto en Android como en iOS, los sistemas operativos incorporan herramientas de bienestar digital que permiten monitorear el tiempo frente a la pantalla, limitar aplicaciones, silenciar notificaciones y crear rutinas de desconexión automáticas. Usadas de forma estratégica, estas opciones ayudan a cortar la hiperconexión sin necesidad de renunciar por completo al teléfono.

Entre las más utilizadas se encuentran los paneles de Bienestar Digital o Tiempo de Uso, que muestran cuántas horas se pasa en cada app y permiten fijar límites diarios; los modos Concentración o No Molestar, que bloquean alertas durante determinados horarios; y el modo sueño, que atenúa la pantalla y reduce estímulos visuales durante la noche.

Incluso funciones menos conocidas, como la escala de grises, hacen que la pantalla pierda atractivo, mientras que el apagado programado simula un “apagón digital” sin intervención manual.

Como ocurre con cualquier cambio de hábito, el proceso puede resultar incómodo al principio. Sin embargo, quienes logran sostenerlo coinciden en los beneficios: mejor calidad de sueño, mayor claridad mental al despertar y una sensación de descanso más profunda.

En tiempos de hiperconectividad permanente, desconectarse un rato también puede ser una forma concreta de cuidado personal.

Fuente: www.clarin.com

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